domingo, 28 de mayo de 2017

Un poema de John Berger

LEJOS

¿Fue mi padre
quien trazó este bosque?

¿Es histórica
la mano
     que rasca la cerilla?

inquirió el viento
y las lenguas de fuego
respondieron.

El fuego del emigrante.

Arrodillado
para equilibrar la sartén
madre en tu cocina
pañuelo a la cabeza
te recuerdo
y te vuelvo a llamar

Las amapolas de tu huerto
salpican mis nubes.

JOHN BERGER


viernes, 5 de mayo de 2017

Un poema de "Ritmo latino" de Jorge Barco

UN SANTO

Perdonar es divino
ALEXANDER POPE


Soy capaz de perdonarlo todo.
No importa qué hayas hecho, que yo te lo perdono.

Si me insultas por Twitter, te lo perdono.
Si no reciclas, te lo perdono.
Si eres del Real Madrid, te lo perdono.
Si tratas de atropellarme con tu coche, te lo perdono.
Si usas camisas de manga corta, te lo perdono.
Si te gusta Melendi, te lo perdono.
Si pintas con Spray en la fachada de las Conchas, te lo perdono.
Si me cuentas el final de Perdidos, te lo perdono.

Soy capaz de perdonarlo todo
salvo que no me devuelvas un libro.

JORGE BARCO


martes, 2 de mayo de 2017

Un poema de "Locus poetarum" de Francisco Caro

ARROYO

Palabras, tantas
palabras que os ofrecen
-apuntaba el maestro-
qué son sino amenaza
de tempestad, temor
de aguas copiosas

ocasión de caudales
que traicionan

palabras tantas
que se ofrecen, qué
sino tumulto,
sino ramblas que abruman
al poema que quiere
ser arroyo

que confía
encontrar su virtud
en lo delgado.

FRANCISCO CARO


jueves, 24 de noviembre de 2016

Un poema de Tomás Sánchez Santiago

PARECIDO AL ENTUSIASMO

Solo quien supo hacer un poquito de pan
con lo imprevisto
puede entender la belleza sin orden
de las casualidades,
la norma turbia de las tormentas
inesperadas, la llegada a deshora -entre oxidadas armas-
de cónsules absortos
que han arrojado al fuego documentos
avergonzados por el idioma de las capitulaciones.

Solo quien destinó las llaves
del tesoro
y todas las canciones aprendidas
al oleaje de la incertidumbre
sabe cortar las cuerdas que atan
las palabras a su sombra

y quedarse con ella
nada más

-ya perdido el ahí-

y ponerse a esperar,
mientras ve flotar la noche y sus soberanías,
la llegada del poema,

su llegada.

TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO


martes, 8 de noviembre de 2016

Un poema de "Actos de amor", de Antonio Praena

MELOCOTONEROS

Te cansaste demasiado aquel verano
sulfatando los melocotoneros.
Tú no sabías del aroma
poético, oriental y evanescente
que la palabra melocotoneros
exhala al florecer en algún libro.
Yo sí que lo sabía, sí sabía
de flores y poemas, cosas tontas,
porque mi condición ha sido estéril,
pues nunca he dado frutos
tan dulces y redondos, tan solares
como esa fruta tuya:
                                  de mi mano
nunca ha comido nadie, de mi esfuerzo
tan solo un hambre nueva se ha seguido.

Papá, me da vergüenza
sentir que cada letra de esta página
también ha sido tuya, sólo tuya,
papá, que te cansaste demasiado
cuidando que el gusano de la muerte
no entrara al corazón del alimento.

Papá,
si hubiera un fruto cierto en estas líneas,
si dejo aquí esperanza y no se pudre,
será sólo por ti,
por ti que me enseñaste sin saberlo
las cosas que no pueden explicarse.

ANTONIO PRAENA


martes, 1 de noviembre de 2016

"De tus sueños", un poema de Peces transparentes

DE TUS SUEÑOS

Ya no soy ese sueño
de tus tarde heridas de misal
y sotana.

La ternura a granel que tantas veces
te enganchaba a la vida.

Ya no soy la que enciende las estrellas
y las cuelga del techo
cuando todos discuten.

La que puede bailar con el pie escayolado.

Me soñabas así,
ligera y quebradiza,
para que siempre
la luz y la penumbra
calaran en mi cuerpo.

Ahora estoy en el sitio donde tú ya estuviste.
El lugar donde aguardan
los que han ido perdiendo poco a poco
sus piezas
y buscan un recambio
para seguir nadando por la orilla del viento,

sorteando las rocas
en las que se resbalan todavía,
a pesar de la costra que les cubre.

JULIA CONEJO




lunes, 24 de octubre de 2016

Un poema de "Etapas", de Manuel González

REFUGIO

Vuelvo a casa
en este abril lento
de repúblicas a cuestas
y promesas vencidas.
El tercer piso a mano izquierda
es un altar
que me devuelve la fe perdida
en las calles de siempre.
Llego a la puerta,
se abre impaciente el firmamento
y puedo mirarte sin paracaídas.
Esa es la razón de los mediodías.
Hago bandera en la camiseta
que llevas puesta.
Bajo tus pies,
todo regresa a su lugar
como la calma a nuestros libros.
Incluso aprendí todas las conjugaciones
para llegar puntual a tus verbos
cuando se duerme el día en los ojos,
donde, a pesar de todo,
siempre haces hueco.

MANUEL GONZÁLEZ